Pasaban veintitrés minutos de la hora anunciada, cuando surgieron los primeros rumores de que no se presentaría. La situación era demasiado tensa como para arriesgarse a mostrarse en público, pensaban unos, probablemente no estaría ni siquiera en la ciudad, especulaban otros.

De repente, un revuelo en torno a la zona del atril, hizo saber a todos que él sí que estaba allí y que en breves instantes les dirigiría la palabra. La mezcla de emoción y miedo, que muchos lucían en sus caras, hizo resonar algunos aplausos espontáneos que no fueron secundados por la mayoría, que permanecía expectante con su mente pendiente de lo que estaba pasando en el exterior de la sala.

Finalmente, aquel anciano apacible, de paso inestable pero de mirada firme, logró situarse en frente del micrófono y tras escrutar las caras de los presentes, dijo:

“Esta mañana he sido informado de los sucesos ocurridos durante la madrugada de ayer y que estoy seguro que todos los aquí presentes conocéis. He sentido en mi propio cuerpo el dolor y la tristeza de todos aquellos que están sufriendo ahora mismo en tantas partes del mundo. Dicen que la situación es insostenible, que es cuestión de días, quizás horas, para que todo llegue a su fin.

Veo vuestras caras, trato de mirar vuestros ojos, pero un velo de desesperanza los cubre y el temor los ciega. Podríamos quedarnos aquí sentados, encerrados, esperando el momento. Podríamos bajar la cabeza, entregar las manos y permitir que nos arrebaten con facilidad aquello por lo que tantos y tantas han derramado su sangre a lo largo de la historia. Ellos pagaron con su vida el precio de que hoy estemos aquí ¿y nosotros no vamos a hacer nada?

El mundo proclama que la verdad ha muerto, que la razón es mentira, que la libertad es una prostituta. Han enarbolado la bandera del odio, con los retales que han arrancado de la historia, han encendido con el rencor de sus corazones las antorchas para quemar cualquier indicio de arrepentimiento.

Pero, ¿sabéis qué? Ellos son los que tienen miedo… les aterra nuestra firmeza, no entienden nuestra confianza, les horroriza ver la alegría de nuestras caras, la sonrisa con la que respondemos a sus amenazas. Nos pinchan y no sangramos, nos aplastan y nos levantamos, nos matan y les perdonamos.

Escuchad, la tierra tiembla, el mar zozobra, la naturaleza entera grita, se prepara para recibir justicia. Se acerca el gran momento, el final se aproxima, la victoria está cerca de los que no se rinden, de los que todavía esperan. Desenvainad vuestro valor y enterrad vuestro temor. Que la paz sea vuestro escudo y la piedad vuestra fortaleza.

Y si en el fulgor de la batalla, veis que vuestro ímpetu flaquea, agarrad fuerte la medalla y sea vuestro ideal la bandera, la constancia de la gloria, que ya con honores lograda, podréis gozar de ella.”

“Then why do we keep strangling life, wound this earth, crucify its soul,
though it’s plain to see: this world is heavenly, be God’s glow”
Hoy mi canción es: Heal the World” Michael Jackson