Fuego

Fuego

Le temblaban las manos, no sabía si de frío o de miedo. Le miró a los ojos, no sabía si era víctima o verdugo. Una voz gritó: «Apunten…».

Por un último adiós

Por un último adiós

El reloj de la estación marcaba las nueve y dos minutos. El frío de diciembre acompañaba una noche que amenazaba lluvia y la tibia luz de una farola añadía pinceladas de tristeza a la escena. En el solitario andén, sólo Mario tenía motivos para esperar al tren.

Sombra

Sombra

Lucías verano en la piel a la sombra de la brisa, que lo cubre todo menos tu sonrisa, que ocultabas. Tumbada, dándole la espalda a la tierra, ponías tu mirada en el ojo azul celeste que todo lo mira, que parpadea, que se irrita, se nubla y llora. Abrazada a tu...
Carta sin remitente

Carta sin remitente

Recuerdo haber leído en una ocasión una carta, de esas que se escribían sobre papel y que estaban tatuadas en tinta, de esas que se doblaban en cuatro partes para acomodarlas en un sobre blanco, sellado herméticamente con pegamento, con un destino en el frente y una invitación de respuesta en el dorso.

Pin It on Pinterest