Basado en historias reales

Leer sobre leído

“Cuando una mañana amenaza lluvia, debería estar prohibido ir a trabajar”, esbozó una pequeña sonrisa esperando que nadie a su alrededor hubiese escuchado sus pensamientos.

Lecciones por aprender

A estas alturas de la vida, no me alcanza la memoria para recordar cuál fue el origen de esa situación o por qué estábamos hablando de algo que hoy puede parecer ridículo, obvio o intrascendente, pero de lo que saqué una de las lecciones imprescindibles de la vida.

Penúltimo baile

La pista de baile se fue llenando de parejas conforme la luz comenzó a atenuarse y las primeras notas salieron suspiradas de lo que parecía ser el cielo.

La espera

Un doloroso color blanco cubría la superficie de la mayoría de objetos que podía alcanzar con la vista. Mesas, sillas, paredes, lámparas, cortinas, todo el mobiliario compartía la misma insípida decoración que difícilmente podría diferenciarse de la habitación acolchada de un loquero.

Vértigo

Cuarenta y cinco minutos de cola no fueron suficientes para lograr que justo cuando le tocaba subir a la montaña rusa, desapareciera ese respeto, que no miedo, que todo aparato mecánico que alcance los cien kilómetros por hora debería dar.

Tristeza en la mirada

El mundo comenzó a moverse como si fuera una de esas bolas de cristal que cuando la agitas simula una nevada sobre la ciudad que encierra. Las calles que parecían rectas y llanas se volvían ascendentes y descendentes como la cubierta de un barco en una noche de fuerte marejada.

Perdiendo la cuenta del tiempo

Nueve mil setecientos treinta y cuatro pasos después de iniciar un paseo improvisado habían sido suficientes para llenarle la cabeza de una retahíla de pensamientos que cuarenta y nueve minutos después y tras haber recorrido media ciudad, no le habían ayudado a llegar a una decisión concreta. Se sentó en el último escalón a la sombra de la puerta principal de la Catedral de la Almudena para poder apoyarse en una de las columnas y, estirando las piernas hasta tres escalones más abajo, permaneció cincuenta y siete minutos más, esperando ver pasar el tiempo.

Antes de que el domingo acabe

El tren parece el lugar más alejado del mundo al tiempo que comienza la marcha dejando atrás la estación, difuminándose en agua por el efecto del calor. Siento cómo cada pedalada del vagón cogiendo velocidad acelera los recuerdos de un fin de semana que desde la distancia he compartido contigo.

Contrastes

‘Próxima parada…’ Se abren las puertas con el recibimiento en formación coral de diez pares de ojos que no han visto la pegatina arañada que indica la preferencia del que sale del vagón. ‘Señora no empuje…’ A la izquierda, sentados en uno de los bancos del andén siete jóvenes preadolescentes apoyan su espalda en un cartel publicitario: ‘Dona semen, dona óvulos, dona vida’; en pie y apoyando su espalda en la pared una mujer en avanzado estado de gestación ruega con sus ojos que alguien le ceda un sitio, finalmente una anciana accede. En las escaleras mecánicas un hombre trata de subir corriendo arrastrando su maleta: ‘Disculpen tengo prisa, voy a perder el tren’, pero una chica detenida en la parte izquierda mantiene una importante conversación con su peluquera a través de su teléfono móvil y le ignora.

Vacíos

El frío del febrero anocheciente se transformó en un segundo en el más cálido día de agosto. El calor se apoderó de su cuerpo como si se hubiese tomado tres chupitos de ron. Las manos nerviosas buscaban un lugar en el aire en el que esconderse, las piernas flaqueaban y amenazaban con dejarle caer. La frente se llenó de sudor como en sus días más febriles y el corazón redoblaba sus latidos ante la sensación de asfixia que inundaba sus pulmones.

Castillo de naipes

En una de esas tardes en las que el frío y la lluvia le impedían obtener el permiso para salir a la calle a jugar, se quedaba durante horas pegando su nariz en el cristal de la ventana de su habitación, observando los paraguas y chubasqueros y pensando lo tontas que eran todas aquellas personas, que pudiendo disfrutar del placer de saltar sobre los charcos y salpicar con sus botas de agua, se limitaban a esquivarlos y, si por accidente, caían sobre alguno, se marchaban maldiciendo su mala suerte.

Tarde de Jazz

Las notas musicales que emitía la voz del piano se enlazaban con la base de contrabajo y batería, fundiéndose a su vez con la melodía de la trompeta y el acompañamiento del banjo, formando una rítmica composición de jazz.

Corazón noctámbulo

Cuando el día, vencido por su peso sucumbe a la ligereza de la noche. En el momento en el que la calma reina, la tierra se vuelve fría y la oscuridad lo baña todo con su sombra.

El portero

El frío de enero y la oscuridad por la pereza del sol a no madrugar hasta las ocho y media daban un aspecto desolador al terreno. Los nervios y el miedo escénico contribuían a hacer de esa situación un trámite emocionante y necesario que nunca antes habría imaginado vivir.

En la casa de las burbujas*

‘Hola, buenos días, ¿qué tal? ¿has dormido bien? Si, se te veía preciosa entre las sábanas. ¿Sabes? He tenido un sueño maravilloso. Venga si insistes tanto te lo cuento. Pues he soñado que estaba en un lugar increíble en lo alto de una montaña con el mar de fondo y la luna tan grande y tan cercana que si alargabas el brazo podías acariciarla…

Y ya van veintiuno

Largo ha sido el camino recorrido hasta llegar a aquí… y lo que aún te queda. Si echas la vista atrás y caminas sobre tus pasos, si pones en marcha la película mental de tu vida y la reproduces a toda velocidad, si te detienes en esos momentos que han sido grabados con fuego y los vuelves a recordar…

Tu zapato de cristal

La vista comenzaba a nublársele y sentía el cuerpo más ligero que nunca, si hubiese cerrado los ojos, habría jurado que podía volar sobre las cabezas de todas esas personas, con las que había compartido el día a día de los últimos ocho años de su vida. Al fin se había acabado.

Ese regusto amargo

Hasta hoy yo era de los que pensaba que cuando te tienen que dar una buena y una mala noticia, siempre es mejor escuchar primero la buena, pues te alegras plenamente antes de prepararte a recibir la mala.

Arenas y doradas

Caminaba descalzo dando pequeños saltitos sobre la arena ardiente, como si fuesen las brasas incandescentes de una hoguera mal apagada. Obtuve el alivio para mis pies conforme me fui acercando a la orilla, húmeda por la caricia de las olas moribundas.

La chica de al lado

Subía los peldaños de la escalerilla del avión, pensando que ése sería el último momento que pisara tierra firme en las siguientes ocho horas. Desde la perspectiva que ofrecía el último escalón, miré una vez más la terminal, las pistas de aterrizaje, los pasajeros subiéndose a los mini-autobuses y los cochecitos repletos de maletas, moviéndose con gracia en todas direcciones.

Primer día en la redacción

Los nervios del primer día le hacían estar alerta ante cualquier movimiento, palabra o persona que fuese registrada por sus sentidos.

Paso en falso

El primer acercamiento: beberse la timidez y no acabar embriagado de vergüenza. Control sobre todo gesto sea voluntario o no que el cuerpo pueda realizar; en los detalles se han perdido muchas batallas.

En la soledad del solitario

Ocho de la tarde, el metro abarrotado de gente en una de las estaciones más céntricas de la ciudad. Las compras navideñas, el final de la jornada laboral y el acostumbrado ajetreo de las horas punta confluyen en los andenes a la espera de los trenes que les devuelvan entre empujones y apretones a la tranquilidad relativa de sus hogares.

Piratas del verano

Pasó la tormenta, cesaron las lluvias y los rayos, las nubes se borran en el horizonte y dejan que el ansiado sol luzca de nuevo y seque la cubierta del barco, donde se acumulan los pedazos de tela rasgada de las velas, maderas de barriles y mástiles y varios cabos sueltos ondeando con el viento resacoso que espabila a lo que queda de la tripulación.

Sucedió por casualidad

El mundo es un pañuelo, o eso dicen, en el lugar más insospechado te puedes acabar encontrando a la última persona que hubieses imaginado: un amigo de la infancia, un familiar que no veías desde hace años, una novia que habías olvidado, un profesor que no te caía muy bien, la vecina que vivía debajo de ti antes de mudarte o ese compañero de clase con el que nunca cruzaste una palabra…

Por una mirada indiscreta

Tras la puerta entreabierta del gimnasio del colegio, guiado por la música que provenía de su interior, asomó la cabeza y la vio.

Estudiantes de Prêt-à-porter

Es la una y media, por fin he acabado las clases por hoy, no ha sido un día especialmente duro, pero la última asignatura que he tenido ha resultado bastante densa.

Buscando, sin querer…

Pensé que te había olvidado, y no me refiero a ti, sino a TI: la chica delgada de pelo largo y mejillas rosadas, esa que apenas conozco y a la que nunca me atreví a hablar; la que creía que pasaba desapercibida entre la gente; la que destaca en humildad; la que con su tímida sonrisa podía iluminar una mañana que amenazaba lluvia; la otra mujercita que sin darme cuenta estaba empezando a adueñarse de mi atención.

Desde otro punto de vista (Fallas)

Son las diez de la noche, estamos descalzos, sintiendo el frío de las baldosas recorriendo nuestras plantas y transmitiéndolo al resto del cuerpo. Nos movemos hacia la habitación del fondo de la casa y nos detenemos delante del armario. Los brazos lo abren y cogen de su interior unos pantalones vaqueros, ropa interior, una camiseta y un polo blanco. Cuando el resto del cuerpo ya está vestido, llega nuestro turno: las piernas nos levantan para que los brazos nos cubran con unos calcetines de color negro, que nos devuelven ese calorcito que nos mantiene ágiles y dinámicos. Nos preguntamos qué calzado nos pondrán hoy: zapatillas, zapatos, náuticos… finalmente son zapatillas, ¡menos mal!, porque son más cómodas y parece que la noche será larga.

Jaque a la reina

Vuelvo a casa, por fin, me bajo del coche y arrastro mis pies hasta mi habitación, menos mal que no tengo que subir escalones (estoy hecho polvo). Tiro la mochila con desgana junto al escritorio y me dejo caer sobre la cama, relajo todos mis músculos; acaricio las sábanas con las yemas de mis dedos, me hipnotizan con sus cantos como las sirenas a los marineros; me piden que las abrace, que cierre los ojos y deje a mi mente correr en libertad por un momento en todo el día. No puedo resistirme y obedezco involuntariamente.

Las cebras son daltónicas

Vuelven los fantasmas del pasado, espíritus que parecían olvidados, enterrados, despreciados y despreciables. Conseguí darles la espalda, corrí más que ellos, les despiste y logré salir de aquél laberinto sin salida con las alas de la paciencia, de la resignación, de la tristeza, de la compasión…

Un paréntesis

Hoy he vuelto a hacerlo, no sé cuanto tiempo llevaba sin practicar, sin liberar tensiones, sudar un poco y tener la alegría de terminar exhausto. Ha durado poco más de una hora, pero la he disfrutado como si hubiesen sido más.

Dudas y dados

Muchas veces te imaginas cómo será tu vida en el futuro. Piensas cómo será tu mujer, tus hijos, tu trabajo, tu casa… todo bien revestido de una atmósfera de felicidad, optimismo y perfección. Difícilmente se cumplirá alguna de las premoniciones, pero puede ocurrir que tengas cierta certeza de que una de ellas pueda cumplirse. ¿Qué se debe hacer entonces: luchar por conseguirla, cerrar las otras alternativas, encadenarte a esa posibilidad y lanzar la llave al mar?

El Relativismo Espacial

No, no me refiero a la última teoría de un gran físico de nombre impronunciable con sabor a polaco, alemán, ruso o israelí. Pero tampoco se trata de la nueva saga de una película de ciencia ficción que cuenta las aventuras de guerreros plateados y seres extraterrestres en el hiperespacio estelar. Pero, si el fenomenalista Bergson dijo que el tiempo era relativo, quizás debió añadir que al espacio también se le puede aplicar esa cualidad.

Ricordo d’Italia

Habría recorrido apenas 12 años de una vida en la que se empezaban a vislumbrar los problemas que van incluidos de serie en el proceso de producción de un futuro hombre hecho y derecho. Comenzaban a asomarse los primeros pelillos del bigote, su voz en plena fase evolutiva, traicionaba de vez en cuando con algún tipo de sonido descontrolado; las imperfecciones faciales tardarían algún tiempo más en hacer acto de presencia.

Una tarde de carnaval

Él era un niño alegre, locuaz, inteligente, formal y, a su pesar, demasiado tímido. Tenía una curiosidad sin límites y pasaba el tiempo jugando con sus amigos y gastando bromas a las niñas de su clase. Entre ellas tenía varias novias: Marta, Elisa, María del Mar, Ana y Belén… pero sólo Elisa lo sabía y lo cierto es que no le hacía mucho caso.

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