Carta sin remitente

Carta sin remitente

Recuerdo haber leído en una ocasión una carta, de esas que se escribían sobre papel y que estaban tatuadas en tinta, de esas que se doblaban en cuatro partes para acomodarlas en un sobre blanco, sellado herméticamente con pegamento, con un destino en el frente y una invitación de respuesta en el dorso.

Día uno

Día uno

Arranqué la última hoja del calendario con el ímpetu del que se despoja de una carga que le oprime, con el alivio del que despierta dejando entre las sábanas un mal sueño, con la ilusión del que emprende un nuevo proyecto en el que deposita sus esperanzas.

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