Película para dos

Película para dos

Las paredes se escondían tras la oscuridad, impidiéndonos ver los límites del salón, envolviéndonos en una atmósfera de penumbra y silencio, como si aquél sofá sobre el que estábamos sentados juntos, muy juntos, fuese el único punto colonizado del universo, como si aquella luz focal que emitía la pantalla fuese la única estrella de una galaxia que nos pertenecía, la única en la que el amor estaba por encima del egoísmo.

Deseos

Deseos

Me sorprendí tirado en medio de la calle y con un fuerte dolor en la cabeza. A mi alrededor se fue formando un pequeño corro de gente, unos tratando de ayudarme a incorporarme y otros, los que más, alimentando su curiosidad y transformando mi infortunio en la anécdota que contar al llegar a casa. Me sentía desorientado y no era capaz de recordar qué había pasado justo un minuto antes. Anduve con la mirada sobre mis pasos pero no encontré ningún indicio o consecuencia que explicara la causa de mi accidente. A pocos metros de mí, un maletín negro parecía haber sufrido mi misma suerte, pero no lo reconocí como mío. Un niño que estaba contemplando la escena, lo recogió y me lo entregó afirmando que lo llevaba conmigo antes de terminar en el suelo.

29 de diciembre

29 de diciembre

Al amparo de una chaqueta, un par de guantes y una bufanda que amenazaba con estrangularle, atravesaba una de las grandes avenidas que dividen, de un extremo de la ciudad al otro, los barrios buenos de los indeseables. Entre dos realidades y desequilibrios se dirigían sus pasos sobre la alfombra de polvo y agua, pues había llovido, que dejaban un aroma rancio que despejaba sus fosas nasales.

Soñando despierto

Soñando despierto

Abrigado con el sueño todavía reciente y envuelto del calor de los ropajes de la cama recién desecha, una extraña música se coló entre mis delirios oníricos, deshaciéndolos como caramelos al sol y devolviéndome a la vida de la que trataba de ausentarme por cinco horas.

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