Próxima parada…‘ Se abren las puertas con el recibimiento en formación coral de diez pares de ojos que no han visto la pegatina arañada que indica la preferencia del que sale del vagón. ‘Señora no empuje…‘ A la izquierda, sentados en uno de los bancos del andén siete jóvenes preadolescentes apoyan su espalda en un cartel publicitario: ‘Dona semen, dona óvulos, dona vida‘; en pie y apoyando su espalda en la pared una mujer en avanzado estado de gestación ruega con sus ojos que alguien le ceda un sitio, finalmente una anciana accede. En las escaleras mecánicas un hombre trata de subir corriendo arrastrando su maleta: ‘Disculpen tengo prisa, voy a perder el tren‘, pero una chica detenida en la parte izquierda mantiene una importante conversación con su peluquera a través de su teléfono móvil y le ignora.

Se dejaba llevar por ti, no esperaba jamás y no espera si no es por ti‘ canta una mujer de pelo rizado y sucio, vestida con una falda larga y sucia y una camiseta arrugada y sucia, en la boca de la estación de metro. Le acompaña con su guitarra un hombre que lleva un sombrero que le tapa la cara: ‘Una ayuda para la música‘. Al otro lado varios jóvenes negros venden sobre una sábana cedés, deuvedés y bolsos de Tous. Uno de ellos lleva una camiseta de imitación de la selección española. De repente tiran de una cuerda y en cuestión de segundos corren entre la gente porque pasan varios policías escoltando una manifestación: ‘Independència per als Països Catalans‘.

Ruido de tacones de varias señoritas que comentan el último capítulo de ‘Sexo en Nueva York‘, mientras observan el escaparate de una tienda de complementos. Sin embargo en el siguiente escaparate pasan de largo: ‘¿qué hace ese hombre durmiendo en un cajero?‘ Una de ellas lleva un vaso de Frappuccino Vainilla en la mano, tiene una grieta y le ha manchado el jersey, por lo que deja el vaso en una papelera, maldiciendo en inglés: ‘Oh fuck!’ Un segundo después, un hombre con aspecto de ser humano camuflado tras una barba canosa y piojosa deja caer al suelo el cartel de cartón (‘No quiero dinero, quiero comer‘) que sujetaba y coge el vaso de la papelera, lo eleva sobre su cabeza y lo vuelca sobre su cara, con la suerte de que algunas gotas caen dentro de su boca, mientras que el resto se dispersan entre su pelo, sus mejillas y su camiseta. ‘Por Dios, qué gente‘ dice la señora que en ese momento pasaba por su lado, poniendo la misma cara que si le hubiesen hecho comer heces.

De frente aparecen dos niños que se ríen triunfantes mientras saborean los gofres que su madre les ha comprado para evitar sus berrinches en plena calle. ‘Casi 16.000 niños mueren de hambre en el mundo‘ titula la hoja un diario gratuito con la que un camarero ha envuelto las sobras de paella, que devora un gato callejero.

Y ya cuando la noche devuelve a la gente a sus hogares, unos de ladrillo y otros de cartón, por la calle se escuchan simplemente mis pasos acelerados sobre las baldosas aún mojadas por un conato de tormenta veraniega en pleno mes de abril.

«You see this man with the cross on his arms and his eyes full of pain…
you see this girl she looks like a pearl, she spends her money on her nice curls…»
Hoy mi canción es: ‘Fake World’ Ian Kelly

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