Cuando el día, vencido por su peso sucumbe a la ligereza de la noche. En el momento en el que la calma reina, la tierra se vuelve fría y la oscuridad lo baña todo con su sombra.

Ahora que mi cuerpo se tiende sobre esta cama extraña, soporte de mi reposo hasta que la luz del sol limpie todo vestigio de cansancio.

Es cuando entre los devaneos de mi mente en busca de un sueño reparador, se hace presente tu imagen impidiéndome cerrar los ojos y emprender el placentero viaje por el libre albedrío de la mente.

Te siento tan lejos de mí, a pesar de saber que con solo gritar tu nombre a la noche, su eco conduciría mi voz hasta tus oídos y despertarías incapaz de saber si mi llamada fue real o si si había colado entre tus sueños.

Mirando por la ventana imagino que la luna es un espejo y que puedo verte a través de su piel, protegida entre las sábanas, descansando tu cabeza sobre la almohada y con esa sonrisa que seguro no desaparece ni mientras duermes.

¿Será mañana cuando despierte el día en el que mis ansias se vean nutridas con la satisfacción de la esperanza cumplida, cuando la paciente prudencia libere su parte menos cohibida y se decida a cruzar la línea que distingue entre valientes y cobardes?

Ahora que empiezo a desvariar me doy cuenta de que debo de estar ya dormido y que estas líneas no son más que el resultado de las cuitas que rondan mi cabeza.

Siendo esto así no deseo más que despertar, que pase esta noche árida y seca para poder volver a sentirme vivo con el escozor de mi corazón, pues más vale un corazón herido que uno indoloro.

«Todo se derrumba y es tan fácil, todos mis castillos son de arena,
todo lo que sueño es tan frágil, todo lo que bebo es tu ausencia.
Y mi pobre corazón de hierro, se me fue oxidando con las penas.
Es que tengo sueño y no me duermo, este fuego que ya no calienta…»
Hoy mi canción es: ‘Corazón Oxidado’ Fito y los Fitipaldis

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