La cuenta atrás ha comenzado, aunque no sé muy bien qué pasará realmente cuando el reloj se llene de ceros. ¿Se fijará automáticamente una nueva fecha límite en un futuro próximo, o permanecerá inmóvil dando a entender que la oportunidad se ha agotado?

Una incierta intuición o ingrávida presciencia me inclina a pensar que no habrá más oportunidades por lo que dispongo de dos elementos a mi favor: saber que tengo un plazo limitado, y conocer el día y la hora exacta en la que se cumplirá la profecía anónima del «ya te lo dije yo».

Por una parte no tengo nada que perder, podría limitarme a dejar pasar el tiempo, escondido tras el biombo traslúcido de la inseguridad, la timidez, del apostar sobre seguro y del miedo al riesgo y al fracaso. Pero por otra parte estaría el coste de oportunidad, de no haber aprovechado una ocasión propicia y rentable, ofrecida en bandeja de plata por la vida.

Complicado tomar una decisión cuando las dificultades se encuentran dentro de uno mismo. Son heridas adheridas a una piel malherida sin cicatrizar a causa de miedos, vergüenzas y respetos mal entendidos, por una mente autolimitada que no es capaz de actualizarse, evolucionar y adaptarse a las nuevas situaciones y retos que se presentan.

Un recuerdo y un déjá-vu son el valor necesario para caminar sobre esa cuerda floja, bajo la que descansa una colchoneta decidida a amortiguar la posible, aunque no segura, caída. Mayor será el premio que la decepción y mayor la lección aprendida del fracaso que la incertidumbre de la cobardía.

Te encuentras de pie al borde de la piscina, no sabes nadar y no tienes flotador, pero sí unas ganas enormes de darte un chapuzón. Conoces la teoría, pero nunca lo has hecho. Puede que al principio te hundas pero si mueves los brazos y las piernas al final saldrás a flote y una vez hayas dado las primeras brazadas, habrás olvidado el miedo y la inseguridad y estarás contento de haber saltado. Si te ahogas, pues seguro que el socorrista acude en tu ayuda…

Quizá lo mejor sea dejar de pensar y decidirme a actuar, pues el reloj no se detiene mientras le das vueltas a la cabeza. Ahora ya sólo queda…

«Es un reloj roto, tu corazón es un reloj que hay que poner en hora,
para que no llegue tarde al amor esta vez…»
Hoy mi canción es: «Tic Tac» La Oreja de Van Gogh

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