‘Hola, buenos días, ¿qué tal? ¿has dormido bien? Si, se te veía preciosa entre las sábanas. ¿Sabes? He tenido un sueño maravilloso. Venga si insistes tanto te lo cuento. Pues he soñado que estaba en un lugar increíble en lo alto de una montaña con el mar de fondo y la luna tan grande y tan cercana que si alargabas el brazo podías acariciarla…

Si, puede sonar a tópico, pero déjame que te siga contando. Resulta que arriba de esa montaña había especie de vivienda, enorme, con un diseño digno del mismísimo Gaudí, con estrechos pasillos tubiformes que conducían a decenas de habitaciones en forma de burbuja, con ventanas circulares con vistas a un mar infinito, pues no tenía horizonte y se confundía con el cielo…

Ya sé que es una descripción muy detallada, pero era tan real… Ojalá se pudieran compartir los sueños… Te sigo contando.

Pues en ese edificio tan singular había una fiesta por todo alto con centenares de invitados distribuidos por los distintos jardines y salas de baile. Había camareros sirviendo canapés selectos y copas de champán francés…

¿Que tengo mucha imaginación? Bueno ya sabes que los sueños no se pueden diseñar, sino habría añadido al mío un par de detalles. No, no te voy a decir cuáles son. Porque no. Porque espero que algún día se cumpla y ya sabes que si un deseo se cuenta ya no se hará realidad. No te enfades y déjame que te siga contando, igual adivinas a lo que me refería antes…

En esa fiesta tan elitista estaba yo. El resto de personas eran unos completos desconocidos, de hecho los veía como en blanco y negro…

¿Que cómo lo sé? Bueno dicen que las personas inteligentes pueden distinguir los colores en los sueños, así que te dejo que completes el silogismo… Ja ja, que va, no soy un creído, pero sabes que me encanta tomarte el pelo ya de buena mañana. Como no me dejes, no voy a terminar nunca.

Estaba sentado saboreando mi copa cuando de repente el tiempo se ralentizó y todas esas figuras grises andaban, bailaban y se movían como a cámara lenta. Yo les miraba con una cierta inquietud que me anunciaba que algo especial estaba a punto de suceder, sentía una presencia extraordinaria que poco a poco ganaba intensidad y se aproximaba a mí.

Y entonces sucedió. De una de las puertas que daba al jardín entró una mujer, radiante como el día, bella y misteriosa como la noche. Una delicadísima escultura humana, tallada con minuciosidad y dedicación por unas manos sabias y sobrenaturales, conocedoras de la perfección. Un ángel negro sin alas que se abría paso entre la gente con la elegancia de un cisne.

Yo estaba hipnotizado y no podía apartar mis ojos de ella. En un momento dado, al sentirse observada por mí, se detuvo y comenzó a caminar hacia donde yo estaba con una sonrisa seductora. Acercó sus labios a mi oído y me susurró una palabra, un nombre, el tuyo: Michelle.

Y desperté a tu lado.

‘En la vida conocí mujer igual a la Flaca,
coral negro de La Habana, tremendísima mulata.
Cien libras de piel y hueso, cuarenta kilos de Salsa,
en la cara dos soles que sin palabras hablan…’
Hoy mi canción es: ‘La flaca’ Jarabe de Palo

*Maison Bulle. Residencia de Pierre Cardin en Cannes.

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