Respiro hondo, muy profundo, inflo mi pecho hasta que los pulmones se chocan con las costillas y las empujan elevando el esternón hasta el punto climático de la apnea, que mantengo durante dos segundos. Expulso el aire suavemente dejando que roce mi garganta, que acaricie mi lengua, que haga vibrar mis labios.

Ahora que estando tan cerca casi puedo respirar el aire que espiras, ahora que cada esquina es un telón tras el que poder descubrirte, ahora que la distancia ya no impide que escuches mis gritos, y que cada autobús, cada semáforo y cada calle es un escenario de encuentro…

Recorro las avenidas y cruzo las calles y pienso que eres cada chica de pelo castaño y liso que camina delante, atravieso los parques paseo entre sus árboles y creo que eres cada chica leyendo en un banco. Pero no eres tú.

Y he aprendido que no te voy a encontrar hasta que deje de buscarte, porque los momentos especiales no se planifican ni se predicen, sino que suceden cuando menos lo esperas, en los lugares por los que nunca se te ocurrió pasar.

Sé que sucederá y sé que Madrid no es más grande que mi esperanza, ni sus edificios más altos que mi deseo. De Pozuelo a Coslada y de Alcobendas a Getafe seguiré caminando, esperando el momento en el que escuche pequeños y silenciosos pasos tras de mí y sin necesidad de girarme sepa que me has encontrado.

Mientras tanto, pisaré con fuerza como tratando de dejar pegadas las huellas de mi sombra en la acera, como queriendo dejar invisible constancia de mi paso, como señalándote el lugar por el que mi camino se cruzó en el tuyo, como si quisiera dejarte marcadas mis pisadas para que siguiéndolas sepas dónde encontrarme.

‘Eres mi rincón favorito de Madrid’
Hoy mi canción es: ‘Madrid’ Pereza

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