El día comienza perezoso entre las sábanas de nubes que se han pegado al cielo. Un Sol débil trata de esconderse avergonzado por la resaca que proyectan sus rayos tras una noche de locura con la luna llena.

La Tierra, amante diurna, celosa y humillada, cierra sus ojos a la luz y limpia su faz demacrada con una lluvia purificadora, que por momentos roza la histeria. Llora su desgracia, se estremece de dolor por la traición, por la infidelidad, por el engaño.

Ya resonaron en las montañas las voces que le advertían de la condición de galán del astro rey. Ya le contaron sus aventuras con Venus, con Saturno, con Urano, pero ella cegada de amor se engañaba pensando que era la única dueña de aquel calor, la única fecundada por su tacto luminoso y penetrante.

Pero no se dio cuenta de que ya no lucía como antaño, como aquella joven hermosa, primaveral, armoniosa y llena de vida que logró enamorar al Sol y arrancarle una promesa de amor eterno. En cambio, perdió su belleza original, sus encantos naturales, su pureza de corazón por entregar su cuerpo a los excesos, a los vicios y al desenfreno.

Ahora se siente vacía, perdida, olvidada. Pero un grito de esperanza, una palabra de aliento es empujada por el viento hasta sus oídos y se siente reconfortada, consolada y esboza una sonrisa. Levanta su mirada, despeja las nubes y mira de frente al Sol.

Las calles siguen húmedas y se puede intuir la frescura que todavía circula por ellas, de repente mi cabeza se libera de la tristeza que contagia la realidad tras la ventana y devuelve su atención al despacho. Te siento en la distancia, mirando por un cristal y me imagino qué historias crearás en tu mente para entender porque en un día como hoy hace tan mal tiempo.

‘Le ciel sans la pluie, devenu vert-de-gris, c’était si beau la nuit,
c’était si beau la vie, on l’a peinturé gris…’
Hoy mi canción es: ‘La Terre’ Ian Kelly

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