Presente de subjuntivo

Mañana, cuando despierte

La incertidumbre no me deja dormir. Éste sería un domingo cualquiera, si no fuese porque el día que le sigue no será un lunes normal. Probablemente me toque guardar en la memoria esta fecha para la posteridad o se convierta en un recuerdo que no pueda...

Causualidad

Caminaba por la casa, de una habitación a otra, del salón a su cuarto, de la cocina al balcón. Iba despacio con la mirada fija en esos pensamientos, que muy cerca del suelo, le marcaban el trayecto. En la mano sostenía una taza de café, que poco a poco había comenzado...

48 Horas

Pensaba que a estas alturas, la vida ya había perdido toda capacidad de sorprenderle. Su propio historial de momentos que habían marcado una diferencia o habían tenido algún significado, así lo confirmaba. Al final llegaba a la conclusión de que daba igual cuánto se esforzara por imaginar o predecir el siguiente paso, siempre surgía un imprevisto que mejoraba sus pronósticos.

Esta vez, sí

Sonó el despertador y sus párpados comenzaron a desatar lentamente las cuerdas del sueño para abrirse a la luz de la realidad. Deslizó las cortinas, abrió la ventana y el aire refrescante de la mañana recién estrenada despejó su ánimo, borrándole las ganas de volver a la cama.

Sombra

Lucías verano en la piel a la sombra de la brisa, que lo cubre todo menos tu sonrisa, que ocultabas. Tumbada, dándole la espalda a la tierra, ponías tu mirada en el ojo azul celeste que todo lo mira, que parpadea, que se irrita, se nubla y llora. Abrazada...

Carta sin remitente

Recuerdo haber leído en una ocasión una carta, de esas que se escribían sobre papel y que estaban tatuadas en tinta, de esas que se doblaban en cuatro partes para acomodarlas en un sobre blanco, sellado herméticamente con pegamento, con un destino en el frente y una invitación de respuesta en el dorso.

Cántame otra vez

Ven, un poco más cerca, sobrepasa los lindes de la materia, acerca tus labios y acaricia mis oídos con el tacto de tu susurro, deja que las ondas de tu voz penetren en mi cabeza hasta dejarme inconsciente.

Día uno

Arranqué la última hoja del calendario con el ímpetu del que se despoja de una carga que le oprime, con el alivio del que despierta dejando entre las sábanas un mal sueño, con la ilusión del que emprende un nuevo proyecto en el que deposita sus esperanzas.

Nocturnidad

La ciudad se duerme con el ronroneo de los pocos coches que contradicen mi marcha en mitad de la calle. Los edificios mudos se inclinan a mi paso cerrándome la visión de las estrellas, hundiendo mi mirada en el asfalto, llenando mi cabeza de pensamientos que fluyen como el frío aire nocturno de un otoño tardío que juega a disfrazarse de invierno.

Penúltimo baile

La pista de baile se fue llenando de parejas conforme la luz comenzó a atenuarse y las primeras notas salieron suspiradas de lo que parecía ser el cielo.

Pedazos de realidad

Miro, te miro, me miro, pero no me veo. Me imitas, te imito, me imito, pero no sé quién ha empezado. Desde ese mundo paralelo desde el que me observas te envidio, porque me ha tocado ser la versión mala de mi mismo, porque tu realidad es más perfecta, más coherente y más feliz que la mía. Yo no elegí, pero tuve libertad.

Volver

Un sendero de álamos perfectamente alineados hacia el infinito punto de fuga, como un pasillo otoñal hacia la nostalgia. El viento fresco se desliza y desnuda sus troncos, tejiendo una alfombra de hojarasca por la que avanza el coche, negro y majestuoso, levantando el polvo y los recuerdos del que sentado en la parte de atrás, regresa al lugar en el que creció.

Película para dos

Las paredes se escondían tras la oscuridad, impidiéndonos ver los límites del salón, envolviéndonos en una atmósfera de penumbra y silencio, como si aquél sofá sobre el que estábamos sentados juntos, muy juntos, fuese el único punto colonizado del universo, como si aquella luz focal que emitía la pantalla fuese la única estrella de una galaxia que nos pertenecía, la única en la que el amor estaba por encima del egoísmo.

Pisando pisadas

Respiro hondo, muy profundo, inflo mi pecho hasta que los pulmones se chocan con las costillas y las empujan elevando el esternón hasta el punto climático de la apnea, que mantengo durante dos segundos. Expulso el aire suavemente dejando que roce mi garganta, que acaricie mi lengua, que haga vibrar mis labios.

Deseos

Me sorprendí tirado en medio de la calle y con un fuerte dolor en la cabeza. A mi alrededor se fue formando un pequeño corro de gente, unos tratando de ayudarme a incorporarme y otros, los que más, alimentando su curiosidad y transformando mi infortunio en la anécdota que contar al llegar a casa. Me sentía desorientado y no era capaz de recordar qué había pasado justo un minuto antes. Anduve con la mirada sobre mis pasos pero no encontré ningún indicio o consecuencia que explicara la causa de mi accidente. A pocos metros de mí, un maletín negro parecía haber sufrido mi misma suerte, pero no lo reconocí como mío. Un niño que estaba contemplando la escena, lo recogió y me lo entregó afirmando que lo llevaba conmigo antes de terminar en el suelo.

La vida no sigue igual

Cuando te asomas a la ventana, la abres y dejas que el frío erice el vello de tus brazos y endurezca la superficie de tus mejillas. Cuando tu mirada se fija en un punto inexistente del horizonte tratando de encontrar un recuerdo amable entre tanto pensamiento negativo. Cuando notas tu existencia como la película de un carrete velado por la luz.

29 de diciembre

Al amparo de una chaqueta, un par de guantes y una bufanda que amenazaba con estrangularle, atravesaba una de las grandes avenidas que dividen, de un extremo de la ciudad al otro, los barrios buenos de los indeseables. Entre dos realidades y desequilibrios se dirigían sus pasos sobre la alfombra de polvo y agua, pues había llovido, que dejaban un aroma rancio que despejaba sus fosas nasales.

Soñando despierto

Abrigado con el sueño todavía reciente y envuelto del calor de los ropajes de la cama recién desecha, una extraña música se coló entre mis delirios oníricos, deshaciéndolos como caramelos al sol y devolviéndome a la vida de la que trataba de ausentarme por cinco horas.

Intermitencias

Los hombres y mujeres que visten de luz me rodean, pero poco a poco van alejándose tras depositar en mí una mirada entremezclando lástima, fracaso y resignación. Veo el metal penetrar en mis entrañas, pero no siento nada, veo manos ensangrentadas penetrar en las heridas que tiene mi cuerpo, pero no siento nada.

Carta a Soledad

Quería escribirte unas líneas para expresarte las dudas y preocupaciones que me han estado rondando la cabeza últimamente. Creo que esta relación no funciona y me consta que tú también te has dado cuenta porque te noto cada día más distante y ya no compartimos tanto tiempo juntos.

Volver a empezar

Frente a mi vuelve a estar una hoja en blanco esperando a ser marcada de nuevo con la sangre de mi pluma, perdiendo así su pureza entre letras caprichosas. Sacrificada víctima del pensamiento, de los sentimientos y de la sinrazón. Soporte de cartas amorosas, discursos encomiables y soporíferos, mensajes encriptados, y recetas de cocina. Testigo de despedidas, ejecuciones y suspensos. Portadora de esperanza, nostalgia y lágrimas…

Nueva York

Ya puedo sentir en las yemas de mis dedos el leve cosquilleo que provocan los motores del Boeing 747 al encenderse para iniciar el vuelo. Siento esa calma tensa previa al despegue, esa incertidumbre que siempre aparece aunque hayas volado ya miles de veces.

La alfombra roja

A través de los cristales tintados del lujoso vehículo observo la multitud de flashes de los fotógrafos que se han congregado a la espera de todos los actores, actrices, directores y productores que llegan a presentar sus trabajos en el séptimo arte en busca de una Palma de Oro.

En la casa de las burbujas*

‘Hola, buenos días, ¿qué tal? ¿has dormido bien? Si, se te veía preciosa entre las sábanas. ¿Sabes? He tenido un sueño maravilloso. Venga si insistes tanto te lo cuento. Pues he soñado que estaba en un lugar increíble en lo alto de una montaña con el mar de fondo y la luna tan grande y tan cercana que si alargabas el brazo podías acariciarla…

Y ya van veintiuno

Largo ha sido el camino recorrido hasta llegar a aquí… y lo que aún te queda. Si echas la vista atrás y caminas sobre tus pasos, si pones en marcha la película mental de tu vida y la reproduces a toda velocidad, si te detienes en esos momentos que han sido grabados con fuego y los vuelves a recordar…

Si mañana no estás…

Como cada mañana, con la espalda apoyada en los azulejos blancos y fríos de la estación espero a que llegue el metro. Son las ocho menos cinco.

Incomunicación

No recuerdo bien cuándo lo noté por primera vez, ni tampoco qué ha provocado que todo se precipite hasta llegar a la situación en la que estamos, que sin duda, no la deseo.

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