Relatos cortos de amor

Ya

Huimos juntos de la distancia que nos mantenía lejos para volvernos unidos. Madrugamos para subirnos a esa barcaza a prueba de cobardes, para que en medio del mar, más allá de donde los faros seducen, no hubiera escapatoria. Nos mecen las olas, los altibajos, los...

Mañana, cuando despierte

La incertidumbre no me deja dormir. Éste sería un domingo cualquiera, si no fuese porque el día que le sigue no será un lunes normal. Probablemente me toque guardar en la memoria esta fecha para la posteridad o se convierta en un recuerdo que no pueda...

Causualidad

Caminaba por la casa, de una habitación a otra, del salón a su cuarto, de la cocina al balcón. Iba despacio con la mirada fija en esos pensamientos, que muy cerca del suelo, le marcaban el trayecto. En la mano sostenía una taza de café, que poco a poco había comenzado...

De nuevo

Pongamos que por una vez, al cruzarnos por la calle, no fingimos ser extraños y que el rencor y la decepción no se hacen visibles en nuestras caras. Que el orgullo no silencia nuestras conciencias y que dejamos de aparentar que hemos pasado página.

El escondite de las palabras

Las dos familias se encontraban reunidas en el salón, a la espera. La luz del domingo comenzaba a apagarse, mientras se encendía la conversación, hasta que los primeros gritos desde la habitación contigua se colaron entre la celulosa de las paredes. Entonces todos comprendieron que no habría boda.

Todavía joven

Se le escapaban los días entre los dedos de su vida, incapaz de cerrar el puño y comenzar a guardar los minutos que perdía pensando “qué hubiese pasado”.

Leer sobre leído

“Cuando una mañana amenaza lluvia, debería estar prohibido ir a trabajar”, esbozó una pequeña sonrisa esperando que nadie a su alrededor hubiese escuchado sus pensamientos.

Por un último adiós

El reloj de la estación marcaba las nueve y dos minutos. El frío de diciembre acompañaba una noche que amenazaba lluvia y la tibia luz de una farola añadía pinceladas de tristeza a la escena. En el solitario andén, sólo Mario tenía motivos para esperar al tren.

Sombra

Lucías verano en la piel a la sombra de la brisa, que lo cubre todo menos tu sonrisa, que ocultabas. Tumbada, dándole la espalda a la tierra, ponías tu mirada en el ojo azul celeste que todo lo mira, que parpadea, que se irrita, se nubla y llora. Abrazada...

Pasado en el futuro

El vaho sobre el cristal difuminaba su reflejo con cada respiración, dejándole ver de nuevo, tras unos segundos, un rostro que ya no reconocía como suyo. De nuevo, el tren era demasiado pequeño para sus pensamientos y los proyectaba en el paisaje que iba acompañándole de vuelta a casa.

Penúltimo baile

La pista de baile se fue llenando de parejas conforme la luz comenzó a atenuarse y las primeras notas salieron suspiradas de lo que parecía ser el cielo.

Porque es viernes

El día comienza perezoso entre las sábanas de nubes que se han pegado al cielo. Un Sol débil trata de esconderse avergonzado por la resaca que proyectan sus rayos tras una noche de locura con la Luna llena.

La espera

Un doloroso color blanco cubría la superficie de la mayoría de objetos que podía alcanzar con la vista. Mesas, sillas, paredes, lámparas, cortinas, todo el mobiliario compartía la misma insípida decoración que difícilmente podría diferenciarse de la habitación acolchada de un loquero.

Vértigo

Cuarenta y cinco minutos de cola no fueron suficientes para lograr que justo cuando le tocaba subir a la montaña rusa, desapareciera ese respeto, que no miedo, que todo aparato mecánico que alcance los cien kilómetros por hora debería dar.

Película para dos

Las paredes se escondían tras la oscuridad, impidiéndonos ver los límites del salón, envolviéndonos en una atmósfera de penumbra y silencio, como si aquél sofá sobre el que estábamos sentados juntos, muy juntos, fuese el único punto colonizado del universo, como si aquella luz focal que emitía la pantalla fuese la única estrella de una galaxia que nos pertenecía, la única en la que el amor estaba por encima del egoísmo.

Antes de que el domingo acabe

El tren parece el lugar más alejado del mundo al tiempo que comienza la marcha dejando atrás la estación, difuminándose en agua por el efecto del calor. Siento cómo cada pedalada del vagón cogiendo velocidad acelera los recuerdos de un fin de semana que desde la distancia he compartido contigo.

Pisando pisadas

Respiro hondo, muy profundo, inflo mi pecho hasta que los pulmones se chocan con las costillas y las empujan elevando el esternón hasta el punto climático de la apnea, que mantengo durante dos segundos. Expulso el aire suavemente dejando que roce mi garganta, que acaricie mi lengua, que haga vibrar mis labios.

54 días

Me pareció que las palabras se habían acabado, que las sílabas con sus letras y sus nexos se borraban y difuminaban como gotas de lágrimas derramadas sobre el papel en el que un día me propuse escribirte una canción.

Vacíos

El frío del febrero anocheciente se transformó en un segundo en el más cálido día de agosto. El calor se apoderó de su cuerpo como si se hubiese tomado tres chupitos de ron. Las manos nerviosas buscaban un lugar en el aire en el que esconderse, las piernas flaqueaban y amenazaban con dejarle caer. La frente se llenó de sudor como en sus días más febriles y el corazón redoblaba sus latidos ante la sensación de asfixia que inundaba sus pulmones.

Gotas de locura

Hacía rato que tus palabras resbalaban, por la fina película de indiferencia que había tejido en mi cara, como los escupitajos que la lluvia lanzaba contra el cristal de la cafetería en la que gozando del calor y del suave aroma del expreso recién hecho, nos obligábamos a intercambiar palabras vacías de intención y relevancia, como queriendo demostrarnos que aún teníamos algo de qué hablar.

En el silencio de la noche

En el silencio de la noche, un quebranto interrumpe el caminar del agua por las orillas del río y se dispersa entre las sombras de los olmos, que bailan como serpientes al compás de la flauta mágica del viento, junto con los cantos de los búhos y el aleteo de algunos murciélagos, uniéndose a la triste estampa que protagoniza un solitario con el corazón hecho cenizas de amor.

La vida no sigue igual

Cuando te asomas a la ventana, la abres y dejas que el frío erice el vello de tus brazos y endurezca la superficie de tus mejillas. Cuando tu mirada se fija en un punto inexistente del horizonte tratando de encontrar un recuerdo amable entre tanto pensamiento negativo. Cuando notas tu existencia como la película de un carrete velado por la luz.

29 de diciembre

Al amparo de una chaqueta, un par de guantes y una bufanda que amenazaba con estrangularle, atravesaba una de las grandes avenidas que dividen, de un extremo de la ciudad al otro, los barrios buenos de los indeseables. Entre dos realidades y desequilibrios se dirigían sus pasos sobre la alfombra de polvo y agua, pues había llovido, que dejaban un aroma rancio que despejaba sus fosas nasales.

Pero no sé

Cuando el peso del día se enfrenta a la ligereza del espíritu y se suman los pensamientos que no cesan de revolver el interior de la mente humana, comienzan a surgir preocupaciones y dilemas en torno a las más rutinarias simplezas que contiene la existencia, cobrando repentinamente una dimensión tal, que son capaces de llevarse consigo la tranquilidad y la serenidad que otorga el cansancio reparado en sueño. Y entre estas cuitas y reflexiones se cuelan siempre los temas que han determinado el devenir y la perdición del mundo, la putrefacción de unos y la vanagloria de otros, la vanidad de tantos y el desconsuelo de parte del resto.

Soñando despierto

Abrigado con el sueño todavía reciente y envuelto del calor de los ropajes de la cama recién desecha, una extraña música se coló entre mis delirios oníricos, deshaciéndolos como caramelos al sol y devolviéndome a la vida de la que trataba de ausentarme por cinco horas.

Intermitencias

Los hombres y mujeres que visten de luz me rodean, pero poco a poco van alejándose tras depositar en mí una mirada entremezclando lástima, fracaso y resignación. Veo el metal penetrar en mis entrañas, pero no siento nada, veo manos ensangrentadas penetrar en las heridas que tiene mi cuerpo, pero no siento nada.

Carta a Soledad

Quería escribirte unas líneas para expresarte las dudas y preocupaciones que me han estado rondando la cabeza últimamente. Creo que esta relación no funciona y me consta que tú también te has dado cuenta porque te noto cada día más distante y ya no compartimos tanto tiempo juntos.

Tarde de Jazz

Las notas musicales que emitía la voz del piano se enlazaban con la base de contrabajo y batería, fundiéndose a su vez con la melodía de la trompeta y el acompañamiento del banjo, formando una rítmica composición de jazz.

Llamando…

Te olvidé. Por un momento llegué a creer que era capaz de vaciar mi mente de tu presencia, volver a respirar y librar mi corazón de tu parasitismo, en definitiva, de poder volver a tener la vida yerma y árida que arrastraba hasta que te cruzaste en ella.

Café para dos

Miro el reloj y compruebo que para mi desgracia aún son las tres y media. A estas horas de la noche, pocos somos los que seguimos sumergidos entre montañas de apuntes, adendas y libros de referencia.

Decisiones

Apoyado sobre la barandilla de proa, envuelto en la monotonía de la vida de marinero de agua salada, una repentina brisa de alta mar me acerca el imaginario perfume de tu piel y llena mi cabeza de pensamientos que hasta ahora había tratado de esconder en lo más hondo de mi alma para mantener firme mi determinación de recorrer el mundo.

Cena para dos

La música ambiental en directo daba buena fe de la exquisitez del restaurante. El constante trajín de camareros impolutamente uniformados era el resultado de atender las peticiones especialmente exigentes de los clientes esa noche.

Podría

Podría susurrarte las palabras más bellas pronunciadas por el más galán de los donjuanes, componerte versos que fueran la envidia de los más venerados poetas…

Corazón noctámbulo

Cuando el día, vencido por su peso sucumbe a la ligereza de la noche. En el momento en el que la calma reina, la tierra se vuelve fría y la oscuridad lo baña todo con su sombra.

Si mañana no estás…

Como cada mañana, con la espalda apoyada en los azulejos blancos y fríos de la estación espero a que llegue el metro. Son las ocho menos cinco.

Tu zapato de cristal

La vista comenzaba a nublársele y sentía el cuerpo más ligero que nunca, si hubiese cerrado los ojos, habría jurado que podía volar sobre las cabezas de todas esas personas, con las que había compartido el día a día de los últimos ocho años de su vida. Al fin se había acabado.

Salto al vacío

Al pie del precipicio la vida no parecía tan complicada. Con la corriente de aire fresco impactando contra su cara, las ideas se volvían más claras y las intenciones se tambaleaban como las hojas de los árboles, creando una textura aterciopelada en las laderas de las montañas. Lástima que la determinación le impidiese dar marcha atrás.

La chica de al lado

Subía los peldaños de la escalerilla del avión, pensando que ése sería el último momento que pisara tierra firme en las siguientes ocho horas. Desde la perspectiva que ofrecía el último escalón, miré una vez más la terminal, las pistas de aterrizaje, los pasajeros subiéndose a los mini-autobuses y los cochecitos repletos de maletas, moviéndose con gracia en todas direcciones.

Primer día en la redacción

Los nervios del primer día le hacían estar alerta ante cualquier movimiento, palabra o persona que fuese registrada por sus sentidos.

Otros lo llaman Amor…

Angustia, dolor, intranquilidad, nerviosismo, agitación, cosquilleo, pena, inquietud, contrariedad, malestar, sufrimiento, tortura, soledad, ansiedad, tormento, dependencia, desconsuelo, duda, impaciencia, tristeza, idiotez, tensión, melancolía, aflicción, elección, amargura, rechazo, desesperanza, debilidad, miedo, vergüenza, necesidad, lágrimas, nostalgia, olvido, celos, posesión, simbiosis, locura, despiste, taquicardia, desconcierto, inseguridad…

Domingo de lluvia

Caminando lentamente a través de la densa cortina de agua que cuelga de las nubes, grises y tristes como el atípico día de hoy. Las calles, vacías de vida, pintan en el aire cientos de postales en blanco y negro llenas de melancolía, pero tan efímeras como un parpadeo.

Cuenta atrás

La cuenta atrás ha comenzado, aunque no sé muy bien qué pasará realmente cuando el reloj se llene de ceros. ¿Se fijará automáticamente una nueva fecha límite en un futuro próximo, o permanecerá inmóvil dando a entender que la oportunidad se ha agotado?

La maleta roja

Ese día el sol debió presentir que algo maravilloso iba a suceder y por ello irradiaba su luz con más ímpetu y vigorosidad que de costumbre. Sentado en uno de tantos bancos simétricos anclados fuertemente al suelo, distribuidos por toda la sala, con la vista fija en el suelo, recorriendo nerviosamente las pequeñas grietas serpenteantes de las cándidas baldosas y ausente de todo lo que le rodeaba, esperaba ansioso frente al gran ventanal poder ver aquel primer destello que conforme se fuese acercando, desafiando la gravedad y cortando las nubes a su paso, se convirtiese en el aparato de Atlantic Airlines, en el que ella volvería.

Protagonista involuntario

Primero percibí las notas de un órgano. De fondo, el incómodo murmullo de la gente, emocionada, nerviosa. Ninguna de aquellas voces me era conocida, pero seguí escuchando atentamente. Mis ojos aún no reaccionaban, sólo oscuridad.

Sucedió por casualidad

El mundo es un pañuelo, o eso dicen, en el lugar más insospechado te puedes acabar encontrando a la última persona que hubieses imaginado: un amigo de la infancia, un familiar que no veías desde hace años, una novia que habías olvidado, un profesor que no te caía muy bien, la vecina que vivía debajo de ti antes de mudarte o ese compañero de clase con el que nunca cruzaste una palabra…

Por una mirada indiscreta

Tras la puerta entreabierta del gimnasio del colegio, guiado por la música que provenía de su interior, asomó la cabeza y la vio.

Mi última carta (de amor)

No entiendo el sentido que tiene que te escriba estas líneas, ahora que sé que nunca las leerás. Sin embargo, siento la necesidad de plasmar la angustia que recorre mi cuerpo y se apodera de mi mente.

Buscando, sin querer…

Pensé que te había olvidado, y no me refiero a ti, sino a TI: la chica delgada de pelo largo y mejillas rosadas, esa que apenas conozco y a la que nunca me atreví a hablar; la que creía que pasaba desapercibida entre la gente; la que destaca en humildad; la que con su tímida sonrisa podía iluminar una mañana que amenazaba lluvia; la otra mujercita que sin darme cuenta estaba empezando a adueñarse de mi atención.

Jaque a la reina

Vuelvo a casa, por fin, me bajo del coche y arrastro mis pies hasta mi habitación, menos mal que no tengo que subir escalones (estoy hecho polvo). Tiro la mochila con desgana junto al escritorio y me dejo caer sobre la cama, relajo todos mis músculos; acaricio las sábanas con las yemas de mis dedos, me hipnotizan con sus cantos como las sirenas a los marineros; me piden que las abrace, que cierre los ojos y deje a mi mente correr en libertad por un momento en todo el día. No puedo resistirme y obedezco involuntariamente.

Dudas y dados

Muchas veces te imaginas cómo será tu vida en el futuro. Piensas cómo será tu mujer, tus hijos, tu trabajo, tu casa… todo bien revestido de una atmósfera de felicidad, optimismo y perfección. Difícilmente se cumplirá alguna de las premoniciones, pero puede ocurrir que tengas cierta certeza de que una de ellas pueda cumplirse. ¿Qué se debe hacer entonces: luchar por conseguirla, cerrar las otras alternativas, encadenarte a esa posibilidad y lanzar la llave al mar?

El Relativismo Espacial

No, no me refiero a la última teoría de un gran físico de nombre impronunciable con sabor a polaco, alemán, ruso o israelí. Pero tampoco se trata de la nueva saga de una película de ciencia ficción que cuenta las aventuras de guerreros plateados y seres extraterrestres en el hiperespacio estelar. Pero, si el fenomenalista Bergson dijo que el tiempo era relativo, quizás debió añadir que al espacio también se le puede aplicar esa cualidad.

Ricordo d’Italia

Habría recorrido apenas 12 años de una vida en la que se empezaban a vislumbrar los problemas que van incluidos de serie en el proceso de producción de un futuro hombre hecho y derecho. Comenzaban a asomarse los primeros pelillos del bigote, su voz en plena fase evolutiva, traicionaba de vez en cuando con algún tipo de sonido descontrolado; las imperfecciones faciales tardarían algún tiempo más en hacer acto de presencia.

Una tarde de carnaval

Él era un niño alegre, locuaz, inteligente, formal y, a su pesar, demasiado tímido. Tenía una curiosidad sin límites y pasaba el tiempo jugando con sus amigos y gastando bromas a las niñas de su clase. Entre ellas tenía varias novias: Marta, Elisa, María del Mar, Ana y Belén… pero sólo Elisa lo sabía y lo cierto es que no le hacía mucho caso.

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